Monocultivos forestales y monte nativo, agrotóxicos y pérdida de soberanía territorial y alimentaria

El monocultivo se refiere a la siembra o plantación de grandes extensiones de árboles u otro tipo de plantas, compuestos por una sola especie. Por ejemplo, plantaciones de eucaliptos, pinos o naranjos en el caso de árboles, o cultivos de trigo, arroz o soja en el caso de otras plantas.

Se podría decir que los monocultivos son en si mismos generadores de plagas y/o enfermedades. Al estar compuestos por una sola especie, se dan las condiciones para que si alguna especie encuentra allí su alimento –llámese insecto, hongo, ave o animal- se convierta rápidamente en una grave amenaza para el cultivo en su conjunto.

Situaciones de ese tipo no ocurren en un bosque nativo, ya que la diversidad a nivel de flora y fauna que lo componen impide la aparición de plagas o enfermedades que puedan afectar al monte en su conjunto. En efecto, las numerosas cadenas alimenticias existentes mantienen al bosque en un equilibrio relativamente estable, dado que el incremento en la población de una especie genera el consiguiente crecimiento del número de sus predadores. Es decir, que la diversidad constituye el mecanismo de control para lograr el equilibrio que asegura la permanencia del monte.

Cuando se define un bosque nativo -en Uruguay llamado monte indígena- nos referimos a un ecosistema natural diverso, donde los árboles y arbustos son solo una parte de una compleja interacción entre diferentes organismos -insectos, pájaros, parásitos, epítitas, reptiles, mamíferos, peces- en la que todos cumplen funciones específicas dentro de este ecosistema natural. Una de las características más importantes del monte nativo es el de ser generador y protector de agua y suelo.

En los últimos veinte años, tanto en Uruguay como en los países de la región, ha habido un aumento sustancial del área plantada con cultivos de árboles exóticos. Esto ha traído aparejado un aumento de las plagas y enfermedades que afectan a dichos cultivos. Por lo tanto, se ha requerido adoptar medidas cada vez más drásticas en materia de protección. En el caso de Uruguay, el eucalipto prácticamente no tenía ningún problema sanitario en la década de los 60. Sin embargo, el aumento de la superficie plantada ha significado la aparición e incremento de plagas y enfermedades que hoy los afecta. Según el “Manual de campo” de la FAO (2006), el eucalipto es hoy atacado por 8 plagas y 21 enfermedades, en tanto que el pino es afectado por 7 plagas y 12 enfermedades, sin contar los daños causados por heladas, sequía, viento, entre otros tantos. La aparición de muchas de estas plagas y enfermedades es el resultado directo del modelo de producción bajo la modalidad de monocultivos a gran escala.

Cabe señalar que muchas veces tanto las plagas como las enfermedades se dan en forma conjunta, dado que el debilitamiento provocado por un agente patógeno crea las condiciones para el ataque de otro. El siguiente ejemplo sirve para ilustrar esto: “en la década de 1960 se realizaron extensas plantaciones de Pinus radiata ... con excelentes resultados iniciales. Sin embargo, a los pocos años las plantaciones fueron afectadas por ataques de la polilla del brote (Ryacionia buoliana), que se extendieron rápidamente a casi todas las plantaciones del país, asociados además a un hongo (Diplodia pinea), lo cual obligó a abandonar definitivamente la plantación de esa especie ...”. (Carrere y Lohmann 1997)

Plagas y enfermedades como esas han llegado a tal punto que en otros lugares se ha tenido que cambiar de cultivo por temor a que se pierda toda la cosecha. Esto ya ocurrió en el sur de Chile, donde los pinos están siendo sustituidos por eucaliptos debido a ataques cada vez más incontrolables de la polilla del brote. Cabe preguntar ¿que ocurrirá si estos monocultivos siguen aumentando y junto con esto las plagas y las enfermedades? Seguramente la respuesta será un aumento mayor en el uso de agrotóxicos.

Forestación, plantas de celulosa y agrocombustibles

En el caso de monocultivos forestales, en nuestra región predominan los eucaliptos, pinos y palma aceitera. Grandes empresas son las que controlan este negocio básicamente con dos objetivos: cultivar árboles para que sean utilizados principalmente para la fabricación de celulosa (como es el caso de los eucaliptos y pinos), o para producir aceite o biodiesel (en el caso de la palma aceitera). A eso se suman planes para producir etanol con destino energético a partir de eucaliptos. Este modelo presenta una amenaza latente aún mayor con los árboles transgénicos, que afortunadamente aún no han sido autorizados, pero sobre los cuales se está investigando activamente en muchas partes del mundo, incluyendo a Chile y Brasil en nuestra región.

Perdida de soberanía territorial y alimentaria

Las plantaciones forestales en nuestro país han resultado en una mayor extranjerización y concentración de la tierra en manos de empresas multinacionales de la celulosa, el papel y en muchos casos vinculadas a la producción y comercialización de insumos, maquinarias y conocimiento necesarios para esos fines.

Estos monocultivos han llevado a una pérdida sustancial de la superficie dedicada a la producción agropecuaria y en consecuencia a una pérdida de soberanía alimentaría y a la profundización de un modelo productivo que en vez de utilizar estas tierras para producir alimentos, las destina a cultivos para alimentar la demanda de papel en el norte y ahora para buscar alternativas “verdes” a los combustibles fósiles.

Cualquiera de las dos razones por la cuales estos monocultivos son impulsados están basados, por un lado, en un consumo exagerado de papel y por el otro en un consumo excesivo de combustibles, sin cuestionar la irracionalidad de dichos consumos.

Para poder asegurar nuestra soberanía alimentaria, el uso sustentable de los recursos y el mejoramiento de la calidad de vida de nuestra gente se requiere de una política clara de parte de los gobiernos que impida que estas empresas se sigan instalando en nuestros territorios y sigan promoviendo los monocultivos. De no ser así, solo se estará beneficiando a esas empresas y poniendo en riesgo el futuro ambiental y social de nuestros países.

Referencias

Carrere, R. y Lohmann, L. (1997).-El papel del Sur. Plantaciones forestales en la estrategia papelera internacional
http://www.wrm.org.uy/plantaciones/material/papel.html

FAO (2006).-Manual de campo. Plagas y enfermedades de eucaliptos y pinos en el Uruguay 2006. Proyecto PCT/URU/3002
“Apoyo a la defensa y protección de las plantaciones forestales en el Uruguay” Representación de FAO en Uruguay”

María Isabel Cárcamo
RAP-AL Uruguay
Junio 2007