Soja protegida vale por dos: ¿Y cuánto vale la imagen del Uruguay natural-ganadero?

El día 9 de abril en Guichón, ciudad ubicada a 110 kms de Paysandú, se produjo un accidente al soltarse la abrazadera de un mangón del avión que se disponía a fumigar un cultivo de soja transgénica con los insecticidas endosulfan y cipermetrina.

El accidente ocurrió en pleno vuelo y una importante cantidad de ambas sustancias se derramó en un predio de cría de terneros de la Liga del Trabajo de Guichón, resultando en la muerte de cerca de 60 terneros. Afortunadamente, el avión pudo esquivar una casa vecina, pero una cantidad de ambas sustancias también cayeron sobre ese predio, donde pastaba ganado, causando la muerte a otros dos vacunos.

Después del accidente se pudo constatar la muerte de peces y otros animales en la zona afectada. En la semana siguiente al accidente, técnicos del Instituto Nacional Investigación Agropecuaria (INIA), Ministerio Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y de la Liga del Trabajo de Guichón recorrieron la zona tomando muestras y hallaron peces muertos en la cañada.

Las autoridades han constatado que los tóxicos involucrados en este accidente son el endosulfan y la cipermetrina. Ambos tóxicos han incrementado su uso paralelamente al aumento del cultivo de soja.

Este accidente ha sido noticia por la presencia del ganado, su intoxicación y su posterior muerte. Sin embargo, estas sustancias estaban destinadas a ser aplicadas de todas maneras, o sea, que la contaminación igualmente se iba a producir.

De acuerdo a la información disponible, el endosulfán puede ser catalogado como un Contaminante Orgánico Persistente (COP). Reúne las cuatro características que hacen que a una sustancia se la considere como un COP: es muy tóxico para prácticamente todo tipo de organismos, es muy persistente en el medio ambiente, tiene un gran potencial de bioacumulación y se transporta a largas distancias.

Es una sustancia cuya comercialización y utilización está prohibida en la Unión Europea y se ha solicitado su inclusión en la lista del Convenio de Estocolmo, proceso destinado a limitar y prohibir el uso de los Contaminantes Orgánicos Persistentes. Debería estar completamente prohibida en todo el mundo, pero en nuestro país se la sigue utilizando cada vez más.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cipermetrina está clasificada como moderadamente peligrosa. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) la clasifica como “posible carcinógeno humano”. Existen estudios que relacionan ciertos tipos de cáncer (leucemia, linfomas) con los piretroides. Según los mismos, más del 20% de estos tipos de cáncer están vinculados con la exposición crónica a piretroides como la cipermetrina. Este insecticida es altamente tóxico para abejas así como para organismos acuáticos y peces.

Endosulfan acompaña a la soja

Desde noviembre del 2007 existe una resolución del MGAP donde se restringe el uso del endosulfán, permitiéndose exclusivamente en el cultivo de la soja para el control del insecto plaga comúnmente llamado “chinche”. Cabe destacar que la soja es el cultivo de mayor extensión en el país, con un área sembrada que supera el medio millón de hectáreas. O sea, que el endosulfán se aplica en más de la mitad de la tierra cultivada del Uruguay.

La formulación de polvo mojable de esta sustancia fue permitida hasta el 31 de mayo del 2008, pero a partir de esa fecha solo la formulación concentrado emulsionable puede ser usada. Al mismo tiempo esta resolución habla de medidas que se deben de tomar en relación a las aplicaciones y los cursos de agua. Cabe suponer, que estas medidas fueron adoptadas por considerar a esta sustancia como altamente peligrosa, tanto para el medio ambiente como para las personas.

La avioneta responsable de este accidente estaba destinada a fumigar un cultivo de soja transgénica y aunque no llegó a cumplir su objetivo, si dejó por el camino animales muertos y una extensión importante de terreno contaminado, tanto de la Liga del Trabajo como de un vecino.

En la zona donde ocurrió el accidente había otros vacunos, ya que allí existe un emprendimiento llamado “hotelería de terneros” que lleva adelante la Liga del Trabajo, la empresa Unicampo y el plan de gestión de acciones institucionales del Programa Ganadero del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).

En esta “hotelería” los primeros terneros ingresaron a Guichón el 14 de enero y permanecerían allí hasta el 15 de abril. Aparentemente en este lugar habrían unos 800 animales, o sea, que bien puede haber otros animales que no lleguen a morir pero cuya carne puede estar contaminada.

El accidente se vio agudizado aún más, después que un técnico volcara sobre una de las aéreas contaminadas unos 4.000 litros de agua para supuestamente “aliviar” el impacto del endosulfan.

Por un puñado de soja, un millón de destrucción

Si bien es cierto que lo ocurrido en Guichón fue un accidente, no deja de estar relacionado con el cultivo de la soja transgénica.

Lo que deja la soja es solo contaminación y destrucción de nuestro ambiente y de nuestra gente. El 5% de la soja producida en nuestro país es industrializada en el Uruguay, en tanto que el resto es exportada por los mismos que la producen, empresarios argentinos.

En esta instancia los ganaderos han sido los afectados por el uso masivo de agrotóxicos. La noticia de este accidente seguramente ha llegado a muchos países europeos o a posibles mercados extranjeros. La imagen del país ganadero natural puede verse comprometido y afectar la exportación de carne.

Pero esto no es todo. La pesca artesanal también está siendo afectada en distintos lugares del territorio desde hace bastante tiempo. Muchos pescadores rezan para que no llueva y escurra el veneno esparcido en los cultivos sojeros a las fuentes de agua, cañadas, arroyos y ríos y deje como resultado a cientos de peces muertos, impidiendo así llevar a cabo la pesca. Claro que el que los peces no estén muertos, no prueba que no estén contaminados.

¿Coexistencia?

En julio del año pasado se levantó la moratoria que implicó la no autorización de nuevos cultivos transgénicos por un período de 18 meses. Al levantarse la moratoria se decretó la llamada “coexistencia”, que apuesta a que los cultivos transgénicos y la producción agropecuaría convivan.

La coexistencia de los cultivos transgénicos y la agropecuaría no es posible. El cultivo transgénico es un modelo excluyente, que contamina y mata lo que está cerca: por su uso masivo de agrotóxicos, por su extensión en grandes monocultivos y por la expulsión de la agricultura. Es un modelo industrial sin trabajadores.

Además, ese tipo de cultivos agrícolas está terminando con la pesca artesanal, con la apicultura y ahora se ve afectada también la ganadería.

Remediación de lo ocurrido ¿es posible?

Algunas de las pérdidas causadas por este accidente han sido muy visibles: muerte de ganado, peces y otros animales. Sin embargo, existe una contaminación que es muy difícil de determinar y medir, dado por las características propias que tiene el endosulfan de acumulación en la cadena alimenticia y persistencia en el ambiente por largos años.

Las autoridades podrán tomar medidas para remediar lo ocurrido. Sin embargo la zona afectada es ahora un “sitio contaminado” en el cual es necesario que se extremen las medidas, ya que la contaminación por endosulfán permanecerá en esas áreas por muchos años.

La única manera de impedir este tipo de accidentes, es prohibir el uso de esta sustancia, como lo han hecho muchos países del mundo, por considerarlo un tóxico altamente contaminante, y apostar una producción de alimentos sustentable con el ambiente y económicamente viable para toda la producción agropecuaria.

María Isabel Cárcamo
Abril 2009