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Futuro en la apicultura ¿existe?

A fines de setiembre, en la ciudad de Trinidad, capital del departamento de Flores, se llevó a cabo el “Encuentro apícola de la región sur del Uruguay” organizada por la Dirección General de la Granja, Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca e Intendencia Municipal de Flores. Durante la actividad expusieron diferentes autoridades, apicultores y RAPAL Uruguay sobre la problemática de la muerte o disminución de abejas en las colmenas y los problemas generados por esta situación, que ha llevado a los apicultores a enfrentar el desafío de continuar o no con su actividad.

Algunos temas tratados

El actor principal en este encuentro pareció ser el fipronil, agrotóxico responsable de la muerte de miles de colmenas en distintos puntos del país desde hace años. En los meses del verano recién pasado esta situación se agravó, razón por la que las autoridades resolvieron restringir su uso en varias ocasiones. La última de las resoluciones, emitida el día 30 de julio, contenía nuevas restricciones a su uso, pero sin que éste se prohibiera. Lamentablemente, a pesar de esta nueva resolución, este insecticida se continúa usando sin ningún tipo de control y las abejas se siguen muriendo.

Las autoridades presentes en el encuentro comentaron que con el objetivo de determinar la causa de la muerte o intoxicaciones de las abejas, los apicultores deberían ser más precisos antes de realizar una denuncia, como por ejemplo, tener conocimientos de los cultivos agrícolas cercanos a la zona donde están las colmenas, con el objetivo de tener en cuenta una posible intoxicación por alguna sustancia usada en aquel cultivo. Además sugirieron que soliciten tomas de muestras a los organismos pertinentes, para así poder contar con análisis concretos sobre la causa de la muerte o intoxicación de las abejas.

También sugirieron que exista un cuidado especial en la sanidad de la colmena y comentaron que muchas de las muertes son causadas por otras razones y no por intoxicación de agrotóxicos.

En este evento también se contó con la presencia del Ing. Agr. Santiago Schneider, empresario apícola del departamento de Paysandú, quien hizo una presentación sobre “Trashumancia y preparación de las colmenas para la trashumancia”.

Schneider comentó que en los últimos dos años ha habido una baja de la productividad, causada por muerte total o parcial de las colmenas y que ésta puede deberse a enfermedades y cambios en el comportamiento de las abejas dentro de la colmena. Hizo especial énfasis en la pérdida de lugares donde poner las colmenas. Comentó que: “Se necesitan más sitios donde llevar las colmenas. Lo ideal son los montes nativos, ya que tienen una variedad de especies que dan alimento durante todo el año; el otro lugar adecuado para las colmenas es en las costas de arroyos.”. Agregó que: “El desafío es constante y más profundo en estos tiempos; se debe conocer muy bien la floración para asegurase que las colmenas tengan alimento durante todo el año.

El mito de la apicultura y la forestación

Como parte de su presentación habló sobre la forestación. Al respecto dijo que así como se percibe en esto tiempos, no es buena para las abejas, ya que son grandes extensiones de monocultivos de la misma especie (eucaliptos dunii y globulus). Afirmó que estas especies no son buenas para la apicultura y menos en extensas plantaciones con árboles de grandes dimensiones. Agregó que la especie que sí ayuda a la apicultura es el eucalipto grandis, pero que es el que menos se planta en el sur del país.

Y también, agregó que otra característica de las plantaciones forestales “modernas”, es que algunas de éstas son realizadas con clones. Esto significa que los árboles son todos iguales, crecen derechitos, florecen todos al mismo tiempo y hay clones que no florecen. Las copas de los árboles florecidos están altas y esto significa un mayor esfuerzo para las abejas para llegar hasta la floración. En caso que la abeja esté débil, mal alimentada, expuesta a un ambiente contaminado, este esfuerzo las deja aún en peores condiciones físicas y más propensas a enfermedades y esto es muy desfavorables para las colmenas.

Por otro lado los árboles crecen muy rápido. Empiezan a florecer después de alrededor de los 5 años de plantados, pero a los pocos años son cortados y se vuelven a plantar otros nuevos, lo que implica esperar otros 5 años para que florezcan. Es decir, que no los dejan rebrotar como se acostumbra en los montes de abrigo o árboles destinados a otro fin que no sea la industria celulósica. Nuevos árboles son plantados y la eliminación de los rebrotes de los tocones y las malezas se realiza con herbicidas. La eliminación de la maleza en muchos casos significa un alimento menos para las abejas.

Aunque se paga para tener las colmenas en las plantaciones, igualmente los lugares que ofrecen no son los más adecuados. En las plantaciones forestales es importante buscar un buen lugar donde poner las colmenas, que en lo posible sea un sitio algo abierto y que no se encuentre en los bajos, ya que estos son húmedos y también dificultan el trabajo.

En general la floración del eucalipto no es buena, ya que es tardía y las abejas necesitan descansar.

Otros problemas adicionales

De acuerdo con Schneider, las expectativas no son buenas. Muy por el contrario, se espera que el próximo año se siembre alrededor de 700.000 hectáreas de soja y para el 2015 podría alcanzar a 1.500.000 hectáreas de soja. De maíz se podría alcanzar para la próxima zafra a 100.000 hectáreas. Estas son muy malas noticias, ya que entre otras cosas, esto significa pérdida de la biodiversidad necesaria para la buena alimentación de las abejas, así como el uso masivo de agrotóxicos que las afecta.

Por otro lado, especialmente en el litoral, las pasturas se han reducido considerablemente por el avance de la soja transgénica y el trigo. El verano pasado, a raíz de la seca, gran parte de las praderas artificiales se secaron en todo el país (menos en el este). La escasez de floración de las leguminosas, lotus blanco y trébol rojo tuvo un impacto importante en la apicultura. A su vez, al no poder florecer no hubo producción de semillas, lo cual repercutirá negativamente en la próxima siembra.

Finalmente el ingeniero y apicultor Schneider describió a las plantaciones forestales y a los monocultivos agrícolas de soja y trigo como “miles de hectáreas MUERTAS para nosotros los apicultores”

En el cierre de la jornada los apicultores presentes concluyeron que el modelo agrícola y forestal imperante ha demostrado desde hace mucho tiempo que es un modelo excluyente. Los problemas que enfrentan no son sólo el resultado del uso del Fipronil, sino que la lista de agrotóxicos usados por este modelo es larga y muy contaminante para las abejas. Sin embargo, la esencia del problema radica en el modelo de producción que no permite la coexistencia, que destruye la biodiversidad y que sin ésta la apicultura no es posible.

RAPAL Uruguay
Octubre 2009