Cultivos transgénicos: ¿Pueden ser consumidos sin riesgo para la salud?

Si recorremos la historia del Uruguay en relación a los cultivos transgénicos, encontramos que la soja transgénica fue introducida a nuestro país en la segunda mitad de los años noventa sin previa evaluación y sin informar a la población acerca de ello.

En cuanto al maíz transgénico, el maíz MON810 de la multinacional Monsanto se introdujo en el 2003 y el maíz BT11 de la compañía Syngenta en el 2004. Las audiencias públicas requeridas por la legislación para su introducción y aprobación fueron realizadas en condiciones muy poco claras. En el caso del MON810, en el momento de las preguntas desde el público la empresa se retiró y se dio por terminada la misma. En el caso del BT11 esta se realizó en la ciudad de Dolores el día viernes antes de la semana de turismo (2004). El lugar y la fecha no fueron elegidos al azar.

En ambos casos la población no tuvo la oportunidad de expresar ni siquiera sus dudas o temores con respecto a estos cultivos.

Además de estos dos maíces transgénicos que se cultivan en nuestro país, es importante señalar que desde Argentina ingresan granos de otras variedades genéticamente modificadas, que son utilizados básicamente en la industria avícola. Es decir, que los pollos y huevos que consumimos provienen de aves alimentadas con variedades de maíz transgénico no evaluadas ni aprobadas en Uruguay.

Las evaluaciones acerca de los riesgos para la salud que puede implicar el consumo de organismos genéticamente modificados en los alimentos están en debate en todo el mundo, pero poca información ha sido publicada sobre los efectos que estos pueden causar.

Es por ello importante informar que en marzo de este año se publicaron nuevos análisis de un estudio en ratas alimentadas con maíz transgénico, que revelan signos de toxicidad a nivel del hígado y de los riñones.

Cabe mencionar que el estudio primario fue realizado por la compañía Monsanto con el maíz transgénico MON 863 (producido y comercializado por la propia empresa), pero dicho estudio fue cuestionado por críticos reguladores de Europa.

La necesidad de una nueva evaluación sobre la patología encontrada en los riñones de ratas alimentadas por este maíz y los resultados de los estudios de la empresa generaron controversia. Un pedido de acción en la corte de Alemania (en Munster) permitió al público acceder, en junio de 2005, a la información original del estudio de las ratas alimentadas con este maíz durante 90 días.

El Comité independiente de información e investigación en ingeniería genética (CRIIGEN) de Paris, Francia volvió a analizar la información aportada por la multinacional Monsanto. Adecuadas estadísticas fueron agregadas y se hizo una comparación de parámetros bioquímicos entre ratas alimentadas con transgénicos y las ratas de control alimentadas con una dieta normal. Los investigadores observaron que después que las ratas habían consumido maíz MON863, éstas mostraron una pequeña pero significativa dosis de variación relacionada en el crecimiento en ambos sexos, resultando menor en los machos y mayor en las hembras. También mostraron signos de toxicidad a nivel del hígado y los riñones y una diferencia sensitiva en machos y hembras. El aumento de lípidos naturales fue sustancial en las hembras, el fósforo en la orina y el sodio de los excrementos disminuyó en los machos.

Los científicos de CRIIGEN, comentan que experimentos más largos son esenciales para poder indicar la naturaleza real y extender las patologías posibles y agregan que con la presente información obtenida de esta investigación no se puede concluir que ese maíz sea un producto seguro. Dicho de otra manera, advierten que puede ser perjudicial para la salud.

Cabe preguntarse: ¿cómo es posible que las mismas compañías -en este caso Monsanto- que producen un transgénico, diseñen y lleven a cabo la evaluación de seguridad de su propio producto y además analicen sus propios resultados? Si esto ocurrió con el maíz MON 836: ¿no cabe pensar que lo mismo ocurre con las demás evaluaciones llevadas a cabo por las empresas?

En Uruguay ya hay cultivos de soja y maíz transgénico de las compañía Monsanto y Syngenta. ¿Quién hizo los estudios correspondientes que permitieron su aprobación: las compañías o científicos independientes? Sería importante que esta pregunta la respondieran las autoridades que han permitido el cultivo de estos organismos transgénicos en nuestro país.

Así como los científicos de CRIIGEN hicieron la investigación que comentamos, consideramos que es necesario que más científicos independientes lleven a cabo análisis sobre evaluaciones de riesgos de todos los cultivos trangénicos que se encuentran en el mercado.

Si el resultado de dichos análisis fuese de conocimiento público, la población en su conjunto tendría más elementos concretos para exigir una eliminación y prohibición de estos cultivos. De esta manera, las decisiones no estarían tomadas por la industria sino por la población, y ésta tendría herramientas científicas para poder decidir lo que quiere cultivar y lo que quiere comer.

Fuente:New Analysis of a Rat Feeding Study with a Genetically Modified Maize Reveals Signs of Hepatorenal Toxicity
http://www.springerlink.com/content/02648wu132m07804/fulltext.html

María Isabel Cárcamo
RAP-AL Uruguay
Junio 2007